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Chinos o coreanos en la Mérida que se nos fue… (7)

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Por Sergio Grosjean

Efectivamente, tanto chinos como coreanos arribaron a la Mérida que se nos fue, de tal forma, por ser un tema amplio debido a la importante presencia de ambas culturas que se fundieron con la nuestra para conformar la cultura yucatanense, dividiremos en dos partes esta crónica.

Ambas culturas a diferencia de otras que se asentaron en la ciudad, tienen interesantes similitudes no solo por algunos rasgos físicos debido afluencia genética así como su cercanía geográfica, sino por la entonces marcada influencia del confucionismo y el evidente protocolo y la formalidad en sus relaciones sociales, y algo que admiro, es que saben trabajar en equipo y toman las decisiones en grupo y no le dan tanta importancia al individuo.

Nos narraba nuestro desaparecido amigo el comandante Barroso; célebre paladín y apaga fuegos del aeropuerto de Mérida que se nos adelantó en el viaje, que su infancia transcurrió en el rumbo de la Miraflores donde había un enorme solar en el que habitaba un grupo de asiáticos a quienes les decían los chinos. Todo parece indicar que la cabeza de esa gran familia vino a Yucatán durante el inicio de la construcción de vías férreas en las décadas de los setentas y ochentas del siglo XIX.

En esa época, no importaba el viejo perjuicio que se tenía de estos inmigrantes, pues se afirmaba que eran nocivos porque tenían algunos vicios como el opio y otras drogas, y a pesar que en otros países tenían mala reputación, en Yucatán se demostró todo lo contrario, pues resultaron ser excelentes jornaleros para esos rudos trabajos, y aunado ello, para las actividades agrícolas repercutieron mejor aún, pues podían cortar hasta 4,000 pencas en un día; cifra superior a los peones yucatecos.

Fue tal y notoria su presencia en nuestras tierras, que el presente podemos observar en el cementerio general el mausoleo de los chinos. Se sabe que los chinos eran personas muy reservadas pues solo intercambiaban palabras con los vecinos para cuestiones básicas. Era como un gueto, pues vivían en un área separada o aislada del resto de la población, e incluso muchos no hablaban bien el español. Habían muchas quintas en las que vivían varias familias en las que compartían el patio.

Con el paso del tiempo y la llegada de más chinos a estas tierras, se fueron adaptando a las condiciones de la ciudad y paulatinamente se fueron organizando, y finalmente lograron integrarse y destacarse en un mercado: el de las hortalizas principalmente. Es así que la comunidad china bien establecida, vendían sus verduras y legumbres en el rumbo en el que vivían así como en diversos mercados donde tenían sus puestos, y de hecho, llegaron a conformar la asociación de china en Yucatán que se encargaba de velar por los intereses de la comunidad.

Un ejemplo de ello, son los que habitaron en la colonia Miraflores (sobre la calle 63 por la 14), que su sustento se basaba en lo que producían en su huerto, llámese rábano, lechuga, cilantro, remolacha, colinabo, sandía, y este plantío hábilmente lo ubicaron donde desaguaba la antigua fábrica de hielo “Cuahumtemoc”, y por eso nunca carecieron de agua para el riego de sus hortalizas.

Además de ello, producían frutos que crecían en grandes árboles tal y como caimito, cajera, mango, aguacate, naranja dulce y agria, lima, y otras frutas y legumbres que le vendían al vecindario cotidianamente al despuntar el alba. En aquel entonces, a las personas que compraban 20 cents de rábano, le regalaban el cilantro, pues sabían que este iba acompañado en las comidas tradicionales yucatecas.

Los niños yucatecos del rumbo de aquel entonces (entre los que se encontraba el comandante Barroso), solían cazar todo tipo de animales, para posteriormente venderles a estos inmigrantes. Los alacranes se los pagaban a 20 centavos, y aparentemente los utilizaban para hacer medicamentos, aunque también se los comían según nos narraba. Las tortugas de tierra y las culebras no eran ajenas al comercio, y estas últimas las pagaban comúnmente a un peso, pero el precio podría variar de acuerdo a su tamaño.

Los pájaros “pich” estaban mejor cotizados que los “cau”, porque supuestamente la carne era mejor y tenían menos sangre, y estos últimos hasta gusanos tenían muchas veces, pero no importaba, pues también se los comían, obviamente dándoles el sabio tratamiento que ya conocían. Uno de los botines más grandes eran los zorros, pues estos se pagaban a $10 pesos en caso de ser blancos, y si eran negros a $5, y la diferencia de precio residía en el sabor, pues los blancos eran más sabrosos a decir de los chinos.

Pero sin duda, el trofeo más grande era el armadillo pues lo pagaban a $20, y con este cocinaban sus manjares, tal como lo hacen algunos yucatecos en el presente.

¿Te acuerdas de chinos en tu rumbo? ayúdanos a armar el mapa de donde habitó esta importante comunidad de inmigrantes que son parte importante de la cultura yucatanense. Sergio Grosjean Abimerhi 28/11/2022

Continuará…

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