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¿Libaneses o turcos en Yucatán? En La Mérida que se nos fue… y se nos va… (6)

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Por Sergio Grosjean

Hasta hace una década, los pocos libaneses de nacimiento como a sus descendientes se les apodaba “turcos”, llámese de manera cariñosa o despectiva, y muchos se preguntarán ¿como es eso? por lo que les contestaría que es algo similar a “pelaná”, en nuestro sui géneris lenguaje yucateco, ya que cuando solo se les quería citar de manera despectiva les decían “come cebollas” según me contaba mi mamá, de vena libanesa.

Hoy, ese mote ha entrado en desuso debido al arribo de tanta gente de otras nacionalidades que ha venido a vivir a la Mérida que se nos fue en la última década, ya que los descendientes libaneses se entremezclan y se pierden en esa algarabía de colores y sabores.

Sin embargo, ese sobre nombre nada tienen que ver con esa nacionalidad, y menos aún con la cultura de ese país, aunque en América, a los sirios y libaneses se les ha acuñado incorrectamente el calificativo de “turcos”. Pero para entender la razón, nos remontaremos un poco a la historia de esta gran cultura descendiente de los fenicios, pero no sin antes citar que su presencia en Yucatán, es de suma importancia no solo por la parte económica, sino porque parte de su cultura y costumbres se integraron a la nuestra, y es por ello que sería imposible hablar de la cultura yucatanense sin citar a los libaneses.

Desde los primeros años de la era cristiana, los turcos atacaron sucesivamente y sin misericordia a los libaneses a tiempo de ser rechazados heroicamente, hasta que en el año de 1860, los drusos, ayudados por los turcos, se abatieron sobre los libaneses matando a miles y miles de cristianos.

Derivado de ese holocausto, en Europa, un grito de reprobación respondió a estas atrocidades, y en septiembre del mismo año, Francia acudió en ayuda de los libaneses, logrando consolidar nuevamente la paz del Líbano.

Pero dicha intervención no duró mucho tiempo, pues fue paralizada por la astucia de los turcos, y sobre todo por la férrea voluntad de Inglaterra que apoyaba a los invasores. Desde entonces, los turcos administraron el Líbano y Siria a su manera, sometiéndolos a un régimen severo, sin permitir que ningún hijo del país desempeñe cargos políticos.

Los Libaneses y Sirios, no pudiendo soportar la invasión extranjera y comenzaron a emigrar hacia América, tierra hospitalaria y benévola para ellos, a donde entraban con pasaportes y cédulas de identidad otorgados por las administraciones turcas. Es así como dichos viajeros fueron denominados con el nombre de sus enemigos: “turcos”.

Ubicándonos en Yucatán, de acuerdo a la investigación realizada por Teresa Cuevas y Miguel Mañana y publicada en su libro “Los libaneses en Yucatán”, el primer inmigrante libanés en arribar a tierras peninsulares fue don Santiago Sauma en el año de 1879, y pocos años después comenzaron las primeras oleadas de sus connacionales entre ellos mis abuelos. Estos pioneros se embarcaban comúnmente desde Beirut y Tripoli , y sus travesías podían durar de entre 1 y 6 meses, dependiendo de la categoría con la que viajaran, pues incluso algunos cruzaban el océano en barcos cargueros.

La ruta era prolongada, pues podían transitar antes de llegar a su destino final por diversos países, llámese Francia, Italia, España, Estados Unidos o Cuba. Un dato interesante de estos dilatados trayectos, es que muchos niños se veían en la necesidad de viajar solos, por lo que sus padres pagaban un seguro muy particular. Este, consistía que al llegar a un puerto de escala, un adulto desconocido, aunque bien recomendado, los recibía y atendía, ya que su estancia podía durar algunos días, e incluso semanas, dependiendo de la rapidez con la que se encontrara otro barco que lo condujera a la siguiente etapa del viaje, pues en aquel entonces no habían destinos directos -similar a como en el presente se hace escala en los aeropuertos para hacer conexión a otro destino- donde también serían recibidos por una persona que los cuidaría, y se aseguraría que continúe su trayecto. Para el caso, tenemos el ejemplo de un señor de apellido Curi que se dedicó por muchos años a socorrer a estos niños libaneses que llegaban como escala al puerto de Veracruz.

Años más adelante, durante la primera guerra mundial, los turcos se unieron a Alemania, y luego de ser derrotados por los aliados, los Sirios y Libaneses fueron por fin liberados, y estos últimos solicitaron la protección de Francia, adoptando de esa manera como bandera la nacionalidad francesa con un cedro en el medio (de 1926 a 1943), y es por ello que muchísimos libaneses hablan francés.

Un dato poco conocido y muy interesante, es que existe infinidad descendientes de libaneses que tienen el mismo apellido, sin embargo, no son familiares, y menos aún comparten sangre. Esto, debido a que luego de la citada primera guerra mundial, las leyes migratorias mexicanas estipulaban que solo podían entrar al país extranjeros que tuvieran parientes establecidos, por lo que estos inmigrantes, muy astutos , cambiaron sus apellidos por los de algún libanes asentado en la región.

Ya para concluir, vale la pena mencionar que muchos apellidos de los libaneses en Yucatán no existen en el Líbano, debido a que en los albores del siglo XX, en nuestro país no existían registros migratorios y solo se manejaban listas de los pasajeros que arribaban en los barcos , y todo parece indicar que debido a la complicada pronunciación y ortografía de los nombres en árabe, estos se transformaron, dando lugar a nuevos apellidos, los cuales seguramente más de uno habrás escuchado , y posiblemente, ni ellos mismos lo saben, en especial los jóvenes de la Mérida que se nos va y se nos fue como por ejemplo:

Medina; que proviene de Al wazir; el apellido Wabi que corresponde a Wawi-Whaibi; Adan, que se deriva de A´azzm; Amador, Nassair; Santiago, que en realidad es Sarkis; Abraham, que surge de Ibrahim; Cuevas, es Whebe; Badías, Wadia; y Zacarías, procede de Zajya; Lixa, Lichaa´; Teyer, Ttayar; Melayes, Miayes;Razú, Rezq; Xacur, Chakkur por citar algunos ejemplos. Sergio Grosjean Abimerhi 25/11/2022.

Imagen. Esta estatua ubicada en la fuente del cruce de la av. Líbano y av. Díaz Bolio la donó el conocido el paisano Pépe Mena hace varias décadas.

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