InicioColumnaLos Coreanos en la Mérida que se nos fue… (8)

Los Coreanos en la Mérida que se nos fue… (8)

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Por Sergio Grosjean

La llegada de los coreanos a Yucatán es completamente diferente al de otras culturas que inmigraron a nuestro estado como los libaneses o alemanes, ya que a diferencia, la llegada de los primeros se deriva de la llamada bonanza henequenera. En los albores del siglo XX, los empresarios de este ramo, al no encontrar suficiente mano de obra entre los yucatecos, comienzan a buscar trabajadores fuera de estas fronteras, y logran traer 5 familias de canarios en 1881, siendo estos los primeros extranjeros en ser contratados para el cultivo del henequén.

El movimiento migratorio de Coreanos a Yucatán responde a ello y tiene como origen que los hacendados enviaron a un personaje llamado John Meyers a buscar trabajadores a China y Japón, pero al fracasar en su intento se trasladó a Corea. Estando allá, comienza una campaña publicitaria en los principales diarios de las ciudades más importantes de Corea, en el que mañosamente pintaban a México como una país de oportunidades y remarcaban que había suficiente agua, tierras, un clima cálido y la ausencia de enfermedades como tifo, aunado a que habían muchos ricos y pocos pobres por lo que hacía falta mano de obra.

De igual forma, esta publicidad afirmaba que Japoneses y Chinos se habían hecho ricos en estas tierras por lo que invitaban a los jóvenes coreanos a embarcarse en una nueva aventura que les cambiaría la vida.

La campaña rindió buenos frutos para los hacendados, por lo que los coreanos firmaron un contrato por cuatro años – aunque otras fuentes hablan de dos años- para trabajar en las haciendas henequeneras, y en el que el empleador, es decir, los hacendados, debía sufragar el viaje, techo, comida, una hortaliza ya en el país, así como médico y medicinas en caso de enfermarse. Importante señalar que estos contratos se hizo sin el aval del gobierno coreano ya que México no tenía relaciones diplomáticas con esa nación.

El sueldo sería semanal por el corte de dos mil pencas era de 75 cents, 40 cents por cada mil adicionales 25 cents por desyerbar; independientemente de otras actividades como plantar henequén o leñar. Uno de los incentivos es que se les ofreció fue un adelanto de su sueldo en su moneda.

Sin embargo, existe la posibilidad que estas personas no supieran cabalmente que firmaban. También, algo que aparentemente los motivó fueron los resultados de los inmigrantes coreanos que fueron a trabajar a Hawái años antes, siendo que estos obtuvieron buenos resultados, y de allá que haya influido que estos tomen la decisión de venir a México temporalmente, porque la idea era capitalizar para luego regresar con dinero a su país.

Es así, que luego de 4 meses de propaganda y convencerlos, 1033 coreanos (802 hombres y 231 mujeres y niños), aunque otras fuentes hablan de 1014, entre pescadores, burócratas, agricultores, militares, cocineros o cristianos que emigraron con el objetivo también de practicar su religón, así como gente de la nobleza que buscaba una aventura, partieron del puerto de Chemulpo (hoy Incheon, Corea del Sur) en el barco Ilford en 1905 -aunque luego hicieron un cambio de embarcación- hasta llegar a Salina Cruz, Oaxaca.

De allá se desplazaron en tren hasta Coatzacoalcos y luego abordaron el vapor “Hidalgo” que los condujo hasta el puerto de Progreso para luego abordar el tren que los condujo a la capital yucateca e instalarse luego en las haciendas henequeneras, en las que curiosamente trabajaron en las mismas condiciones precarias que los indígenas mayas. Cabe mencionar que el número exacto de coreanos así como la fecha de su arribo es algo controversial todavía.

Pasado el tiempo y una vez concluida la Revolución Mexicana siendo ya la década de los años veintes del siglo XX, la mayoría de los coreanos que llegaron a Yucatán para trabajar el henequén fueron liberados de los mañosos contratos de los hacendados, y muchos se establecieron en el Barrio de Santiago y continuaron trabajando bajo la protección de sindicatos ejidales además de ampliar además su abanico de ocupaciones.

Muchos de ellos habían establecido modestos negocios alrededor de esta plaza, trabajaban en el mercado o venían desde las haciendas, y el “Bar Santiago”, constituía el único punto distracción para los trabajadores de sexo masculino.
Se piensa que se establecieron en el rumbo de Santiago, pues cuando venían a Mérida rentaban un cuartito y empezaban a trabajar en el mercado. Las familias que más ágilmente progresaron eran las que tenían varones, siendo que primero venía el varón con dos o tres amigos, trabajaban en el mercado, juntaban dinero, regresaban a la hacienda a buscar a papá y a mamá y al venir, formaban una familia entera, y montaban una pequeña tienda de abarrotes u otro comercio que ayudaba a que mejorara su economía.

De igual forma, instalaron negocios de lavandería, hortalizas en diversos rumbos de la ciudad que esperemos entre todos nos ayuden a ubicarlos.

Importante señalar que muchos Coreanos emigraron a otros estados como los vecinos Quintana Roo para ocuparse de extraer la resina para el chicle, o Campeche para cultivar arroz, y otros más lejanos como Veracruz para ocuparse de la pesca e incluso hasta Cuba.

En el año de 2005, dentro de las conmemoraciones por el centenario de la llegada de los primeros coreanos a Yucatán, el gobierno de la ciudad de Incheon, colocó una placa conmemorativa de lado de la calle 72, como símbolo de amistad, en el edificio que alguna vez fue testigo de la nostalgia de los primeros varones coreanos llegados a nuestra tierra, en el lugar donde lloraban por Chemulpo, donde estuvo el Bar Santiago y luego se le cambió el nombre por el de Chemulpo, en honor al puerto que los vio salir.

En la actualidad, esta importante comunidad que se integró a la cultura yucatanense, orgullosos de su pasado, no solo forjaron la Asociación Coreana de Yucatán sino fueron más allá e instalaron el Museo Conmemorativo de la Inmigración Coreana a Yucatán, que se ubica en la Calle 65 núm. 397-A x 44 y 46 Centro.

Finalmente, si conociste a algún coreano de antaño de los cuales muchos amablemente nos citaron en la pasada publicación y la Asociación de Coreanos en Yucatán tienen un registro, sería interesante conocerlo de viva voz, pues es más que posible que entre todos ubiquemos algún nuevo dato que resguardar y no lo borre el tiempo.

Feliz jueves.

Foto Fototeca Pedro Guerra.

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